martes, 20 de mayo de 2014

HISTORIA DE UN VOTO



Érase una vez un albañil de la campiña sevillana que cada año viajaba a Suiza para trabajar en la construcción. Aquel mes de mayo le sorprendió al pie de los Alpes, con más frío del que jamás pasaría en enero en su pueblo. Una llamada de su mujer le recordó que pronto celebrarían elecciones municipales.
Al albañil le faltó tiempo para pedir permiso en la obra a sabiendas de que perdería el jornal. Tomó un autobús, después un tren, hasta llegar a la capital del cantón. Al salir de la estación, encogido en su abrigo con las solapas subidas para taparse las orejas, preguntó a los transeúntes con las cuatro palabras que chapurreaba en los tres idiomas oficiales. Le ocupó media mañana, pero al fin encontró el consulado español. Antes de entrar se sentó en un parque y se comió un bocadillo de queso.
La funcionaria del consulado abrió mucho los ojos y arqueó las cejas, aunque se abstuvo de expresar sus pensamientos. Un hombre muy moreno, de manos callosas que olían a queso, se había plantado ante el mostrador y se resistía a abandonar la oficina hasta que se le permitiera ejercer su derecho al voto.
Semanas después, en un pueblo de la campiña, se hacía el recuento de las elecciones municipales. Un tumulto de nervios rodeaba a la urna. Llegó el cartero con los votos por correo, uno de ellos en un sobre de un consulado. Al rasgar el sobre, el presidente de la mesa exclamó:
-¡NULO!
Desde el fondo del gentío se oyeron voces:
-¡IMPUGNA! ¡RECURRE ESE VOTO!
La interventora miró el trozo de papel que había en el sobre. En una cuartilla, con el membrete del consulado, una mano firme con caligrafía insegura había escrito:
-”Doy mi voto a la candidatura de...”
La interventora sabía que no serviría de nada recurrir porque en efecto el voto era nulo. Sin embargo, había que intentarlo, porque aquel voto valía más que un jornal suizo, más que un billete de autobús, más que un viaje en tren, más que un bocadillo de queso.
A veces, las cosas son más sencillas de lo que parecen, por eso esta historia intenta imitar a Gianni Rodari, que fue capaz de contar en pocas frases la Historia Universal.


HISTORIA UNIVERSAL


Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas.
Ni zapatos, ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta.
Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!


PD: También estaban las mujeres, Rodari no es perfecto. Esta historia es real aunque algunos datos sean inventados.