sábado, 28 de febrero de 2009

CONJUGAR LA VIDA

Hay momentos en los que las palabras van a tu encuentro para ayudarte a buscar la salida. Abres un libro y aparece una historia en la que te ves reflejada. Sientes cómo te envuelve la atmósfera y llegas a percibir los aromas que rodean a los personajes.
Hace unos años, yo era apenas una sombra que recorría los pasillos de un hospital. Un sábado, leyendo El País descubrí un poema que parecía pensado para mí. Lo recorté y lo guardé entre los libros que iba leyendo. Un día lo perdí y sólo logré memorizar los últimos versos.
En diciembre pasado lo volví a encontrar, amarillento, escondido en un libro de gramática, como por arte de magia, en el justo momento en que lo necesitaba. Espero no volver a perderlo.

PEQUEÑA LECCIÓN DE GRAMÁTICA
Ahora que crees volver a estar sola y quieta
y un poco lastimada del miedo del invierno y de las calles
o quizás escondida – como una colegiala – por
las habitaciones de la adolescencia,
aquí quiero avisarte entre palabras de compañía
no exactas, no sucias: temerosas
de no saber desorganizarte la tristeza de los ojos.
Atiéndeme tan sólo lo que dura un pestañeo:

Que la vida se conjuga en futuro
(aunque sea casi siempre imperfecto).

Tomás Sánchez Santiago (“El que desordena”)