domingo, 27 de diciembre de 2009

SABER PERDER, de David Trueba

Una ciudad como Madrid está poblada por personajes pequeños y anónimos, perdedores que intentan sobrevivir y ahuyentar la soledad. También hay otros que pueden parecernos lo contrario, como Ariel, que aterriza en un equipo de la capital como prometedora figura del fútbol. Sin embargo, no es más que un muchacho que gana demasiado dinero, se muere de añoranza de Buenos Aires y de miedo al fracaso.

Junto a él una adolescente con baja autoestima, un cuarentón parado abandonado por su mujer, un anciano que comete una última locura. Sus historias corren paralelas y se enlazan en una ciudad donde la inmigración forma parte de la vida cotidiana, donde el castellano pierde su acento y toma voces argentinas y ecuatorianas.

El mundo del fútbol de élite se nos muestra con todas sus miserias. Incluso el papel de la prensa deportiva resulta bastante sospechoso en el negocio del balón. Sus protagonistas son perfectamente reconocibles, sus vivencias tan verosímiles que parecen extraídas de un noticiario.

En ningún momento el autor pierde el sentido de la realidad haciendo constantes referencias a la actualidad nacional e internacional con humor e ironía.

Es fascinante cómo presenta los giros sudamericanos en diálogos que pierden los guiones y se hacen aún más expresivos.

Los relatos que al principio no tienen conexión terminan confluyendo. Las historias presentan un desenlace sin que tengamos la impresión de que estén completamente cerradas, como si sólo nos hubiéramos asomado a sus vidas durante un año y después ellos continuaran sin nuestra mirada curiosa.

martes, 8 de diciembre de 2009

NOVECIENTAS CINCUENTA Y OCHO PÁGINAS


Las causas que determinan que una lectora, en este caso yo misma, sienta pasión por una obra literaria, está motivado por distintos factores, la mayor parte de los cuales son subjetivos. Algunos de estos factores tienen que ver con el estilo, pero no son los únicos, pues es posible que disfrutes con obras escritas en estilos completamente opuestos.
La relación que mantengo con la literatura de Antonio Muñoz Molina ha perdurado durante los últimos veinte años, como una pareja que ha evolucionado independientemente al mismo tiempo que ha afianzado su unión. No puedo decir lo mismo de otros autores que después del tercer o cuarto libro llegaron a producir un grado de hastío cercano al aborrecimiento. No daré nombres. Por suerte en mi casa no hay chimenea a la que arrojar los volúmenes odiados como hacía Carvalho, pues en más de una ocasión he estado tentada de hacerlo.
La historia con Antonio (así lo llamaré en adelante) comenzó por azares del destino, como muchos relatos de amor, fruto de la casualidad, de la flechas de Cupido o los caprichos de Venus. Durante el verano de 1990, mi novio “verdadero” y yo nos presentábamos a sendas oposiciones que asegurarían nuestro futuro. Soñábamos con acabar los exámenes y montarnos en un tren cargados de mochilas y sacos de dormir. Nuestro destino tenía un nombre mítico: Lisboa. Como buena lectora, preparé el viaje adquiriendo dos libros que se exponían en las novedades de las librerías. Uno era “Historia del cerco de Lisboa” de Saramago, escritor portugués que empezaba a ser muy conocido en España. El otro lo compré por el título, pues su autor era un joven escritor novel del que no había oído hablar. Probablemente fue el destino el que determinó que comprara “El invierno en Lisboa”. Nuestro plan inicial tuvo que cambiar y una vez aparecidas las listas de aprobados en las oposiciones nos montamos en el primer Talgo que pudimos, enlazamos en Madrid para pasar la noche en literas y por la mañana estábamos desayunando en la Alameda del Bulevar de San Sebastián. Me llevé una grata sorpresa al abrir el segundo libro y comprobar que la trama se desarrollaba en esta misma ciudad. La luz me acompañaba en mis paseos por la Concha, con la isla de Santa Clara al fondo, pero en mi mente podía oír el eco del viento y la humedad del aire de este mismo lugar a través de las palabras de Antonio.
A partir de ahí lo consideré una especie de descubrimiento personal y me entregué a la tarea de leer todo lo que escribiese y a recomendarlo encarecidamente a mis amistades. Llegué a tener varias ediciones de Beltenebros, una de las cuales doné a la Biblioteca Pública de Tomares.
En 1992 le concedieron a Antonio el premio Planeta por “El Jinete Polaco”, que me llegó en forma de regalo con dedicatoria. Lo leí en estado febril, sorprendida y maravillada por lo que sucedía delante de mis ojos. No es que la historia estuviera bien narrada o que los personajes fueran creíbles, es que básicamente, salvando la diferencia de género, yo era la protagonista de aquel libro. Yo era aquel adolescente desarraigado que quiere estar en otro lugar, hablar otro idioma, vivir una vida diferente a la que está destinado. El protagonista, Manuel, paseaba su flequillo adolescente por Magina sin que yo sospechara hasta qué punto se trataba de una ciudad real y de personajes de carne y hueso. Una tarde, en un bar cercano a la Plaza Nueva de Sevilla, me topé con un cartel taurino donde se anunciaba la alternativa de Carnicerito de Úbeda, personaje que aparece en el libro con el nombre de Carnicerito de Magina. Otro día, el cantante Joaquín Sabina declara en una entrevista que él y su padre forman parte del mundo descrito por Antonio Muñoz Molina en “El jinete polaco”. Al acabar de leerlo volví al principio, como si deseara ser saciada completamente.
Muchas veces he vuelto a “El jinete polaco”. Durante mucho tiempo ocupó un espacio en mi mesa de noche. Me fui a Úbeda con él bajo el brazo. Pisé el empedrado de la Plaza de San Lorenzo; me asomé a la Casa de las Torres; admiré la iglesia del Salvador e incluso llegué a vislumbrar el instituto imaginando a Manuel capear el frío al doblar una esquina. Muchas veces me ha salvado este libro. Me ayudó a ahuyentar la tristeza después de los partos. Lo leía a la luz de la lámpara después de dar el pecho, esperando que la niña aliviara los gases y se durmiera.
Su autor empezó a ser reconocido como escritor consagrado, académico y articulista de El País, además de ser el “santo” de Elvira Lindo.
Se sucedieron los títulos, unos más acertados que otros. A veces su prosa es el único sostén de una novela, como “Fervor guerrero”. Otras veces regresa a su territorio mítico y te vuelve a atrapar como en “Plenilunio”, donde una imagen, la de la maestra mojando galletas en un café servido en vaso de plástico me persiguió durante una década.
Se va a Nueva York, se hace más sesudo y conservador. En ocasiones no estoy de acuerdo con lo que piensa o lo que escribe. Publica “Sefarad”. Vive en la Gran Manzana el 11 S, del que surge “Las ventanas de Manhattan”.
Antonio mantiene la capacidad para transmitir no sólo ideas, pensamientos o imágenes, sino sensaciones sensoriales, táctiles, sabores, olores. Mientras leía “El viento de la luna” yo notaba la humedad de los muros, como si el escritor estuviera describiendo mi propio recuerdo.
“La noche de los tiempos” ha sido mi último encuentro con él y ha durado novecientas cincuenta y ocho páginas,

domingo, 15 de noviembre de 2009

CRÓNICA INFORMAL DEL CONGRESO

El viernes 13 (qué mala fecha) y el sábado 14 de noviembre estuve en Málaga en el Congreso Nuevas Organizaciones: Nuevas Metas organizado por la Consejería de Educación. Se trataba de debatir y hacer propuestas al borrador de nuevo ROC que va a ser la base para el funcionamiento de todos los centros públicos de Andalucía.

Yo me había leído muy bien el documento y llevaba preparadas todas mis propuestas en el pequeño portátil que, por cierto, ha sido una de las sensaciones del evento y he tenido que enseñar a diestro y siniestro, pero estaba muerta de miedo porque iba sola y creía que no conocería a las 6:30, por lo que me tuve que levantar a las 5:30 y coger un taxi, ya que no me fiaba de encontrar aparcamiento. En ese momento lamentaba haber solicitado el Congreso y me autoflagelaba por ser tan osada, vamos, que nadie me mandaba meterme en semejante berenjenal.

Cuando me subí al autobús se sentó a mi lado Juana, de Aznalcóllar, que también se encontraba sola y decidimos acompañarnos mutuamente, lo que le agradezco sinceramente. También a José de Umbrete, que además me acercó a Tomares al regreso.

Sobre las 9:00 h. llegamos al Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, un edificio ultra-moderno de líneas curvas y espacios diáfanos. Nos recibieron con cafés, bollos y pastitas. Con el hambre que tenía echaba de menos una buena tostada y como las tazas eran ridículamente pequeñas en comparación con mi taza de IKEA me tuve que tomar tres cafés.

A las once apareció la señora Consejera, que debe de desayunar Red Bull a juzgar por la vitalidad con que se mueve. La acompañaban todos los delegados provinciales enfundados en sus trajes grises.

Nos hicieron pasar al Auditorio (precioso, paredes y techo de madera) y nos dimos cuenta que éramos mil personas, de todos los sectores de la comunidad educativa y de todos los rincones de Andalucía.

En primer lugar, nos saluda la consejera y comenta que al vernos allí reunidos y reunidas impresiona el volumen del mundo educativo andaluz.

Habla de la necesidad de un nuevo reglamento ya que el actual es anterior a la LEA. Apuesta por la autonomía de los centros y darle más atribución a las direcciones (Después se vio que los Sindicatos no están de acuerdo) También aboga por la simplificación administrativa y expresa su deseo de que el nuevo reglamento sea una completa normativa de organización y convivencia.

Recuerda todo lo que hemos avanzado desde la implantación de la escolarización obligatoria. Piensa que el éxito social de la escolarización plena se vive con pesimismo y considera que en materia de equidad hemos avanzado aunque nos queda avanzar en calidad. Según ella, hay que poner al PISA dentro de su contexto histórico. Habla de las distintas carencias y declara que no deja de poner soluciones. Utiliza una bonita metáfora, Se escucha más a un árbol cayendo que a un bosque creciendo, para hacernos ver el sistema educativo andaluz desde una óptica más positiva. Considera que es más importante tener autoridad que ser autoridad y que la autoridad del profesorado reside en el prestigio y el crédito.

Termina con unas bonitas palabras sobre el papel del maestro o la maestra y el papel de la enseñanza pública como máquina de generar igualdad.

Todo el mundo aplaudió calurosamente pero yo había descubierto a María Jesús del Carmen dos filas más abajo y aproveché para contactar con ella.

Acto seguido, Gimeno Sacristán presentó una ponencia con el título El valor de la organización escolar

Al principio pensábamos por su tono de voz que iba a ser aburrida pero nos hizo reír y levantó aplausos espontáneos. Primero nos presentó el concepto de centro educativo como dispensador de la educación. Es el primer ámbito de la participación, donde se aprende a ser ciudadano/a.

Considera que la autonomía de los centros no es tan necesaria, en completa divergencia con la Consejería, y que esa idea surge de la derecha que intenta la mercantilización de la educación. Avisa de que hay que tener cuidado con la privada.

Piensa que la diversidad está muy bien porque es natural y que los profesores necesitan responsabilidad, no autonomía pues cree que hay falta de compromiso por una educación distinta.

Apunta que “Estamos alcanzando las cotas de desastre más altas en la Universidad por la autonomía”

En el plano didáctico advierte del descontrol existente porque nadie entra en el aula a ver lo que haces y de la baja participación de los agentes sociales.

Según Gimeno Sacristán el reglamento es un instrumento para hacer un tipo de educación, no es la forma de gestionar un centro. Regula la vida, las costumbres y tradiciones. En este reglamento parece que hay mucha preocupación por el delito.

EL reglamento debe responder a un proyecto educativo, con cuatro ideas fundamentales, un proyecto con carga antropológica positiva puesto que nos pagan por hacer a la gente mejor.

En cuanto a los derechos del alumnado hay que tener cierta dosis de utopía. El sentido de la educación pública es la justicia curricular y la equidad. Hay que trabajar por el aumento de los índices de igualdad.

Recomienda la película “Hoy comienza todo”(Yo también la recomiendo)

Piensa el profesor Gimeno Sacristán que ésta es una ley de caza hecha por los cazadores. El profesorado piensa que el problema es la conducta del alumnado y la agenda la marca la derecha (calidad, violencia,...)

Se pregunta qué pecado puede hacer un niño de primario y no está de acuerdo que el eje de la política pedagógica la marque PISA. Añade que un discurso de izquierda es hacer que la gente se interese por el saber.

En el borrador del reglamento el profesor no tiene deberes, por tanto, hay que ponerle deberes al profesorado. Se ha convertido al profesorado en víctima y no lo es.

Fue calurosamente aplaudido y nos fuimos a tomar otro mini-café y otras mini-pastitas. Me reuní con María Jesus y me encontré con Carmen Lorenzo, madre de un alumno de nuestro centro. ¡Y yo pensaba que iba a estar sola!

Después nos dirigimos a la primera mesa (Convivencia y participación), donde debatimos e hicimos diversas propuestas. No es por nada, pero María Jesús y yo dejamos bien alto el pabellón de Tomares.

Llegó la hora de comer y nos metieron a las mil personas en un salón enorme. Nos sentamos con una gente de Jaén de lo más amena y tuve de que volver a enseñar el aparatito. La comida estaba bien presentada aunque un poco escasa y tardaron una eternidad en servirla. El menú era: ensaladilla, dorada del Mercadona y un postre dulce del que no me acuerdo. Todo regado con vino y cerveza sin restricción. Yo sólo pensaba en qué ocurriría cuando todo el mundo quisiera ir al servicio después del almuerzo.

Al terminar salimos corriendo para hacer nuestras necesidades y entrar en la mesa 2 (Órganos de coordinación docente y orientación). Allí coincidimos con Paco Barea del CEIP Giner de los Ríos de Mairena y Raúl del CEIP Ibarburu de Dos Hermanas y volvimos a dejar bien alto el pabellón de Tomares, especialmente María Jesús que reivindicó en todo momento la etapa Infantil y la existencia de centros como el suyo.

En la mesa 3 (Autonomía de los centros) ni el ordenador ni nosotras teníamos ya batería después del madrugón y la jornada tan intensa, aunque estuvimos allí escuchando todas las intervenciones.

Otra vez corriendo nos subimos al autobús y llegamos al hotel cerca de las diez, a punto de cerrar el comedor. Tuvimos que dejar la ducha para más tarde porque con el hambre que arrastrábamos no nos íbamos a quedar sin cenar. Por allí andaba también Miguel de CCOO.

Comí fantásticamente acompañada de José y Juana pero ninguna de las dos nos animamos a irnos de copas, ya que el cansancio nos tenía rendidas. Al día siguiente nos contarían que estuvieron de marcha hasta altas horas, e incluso bailando con la consejera (esa mujer Red Bull) y confraternizando en la barra con el viceconsejero.

Yo me di una buena ducha y me metí en la cama con la última novela de Mankell, tan a gustito.

El sábado por la mañana volvieron las carreras. Durante el desayuno, Juana y yo tuvimos una interesante conversación con Paco, director de un instituto de Jaén y por poco perdemos el autobús. Hubo más de un dormilón/a que lo perdió.

La ponencia del sábado, a cargo de la profesora Luisa Fernández Serrat, con el título “Las tres Ces del cambio” fue bastante mediocre, desde mi punto de vista, además de utilizar un lenguaje sexista y tener una actitud excesivamente halagadora hacia la Consejería.

Por cierto, allí estaba nuestra querida consejera, en primera fila y con todos sus delegados, como si se hubiera acostado las diez de la noche. Por favor, que me explique su secreto.

Después de la soporífera ponencia vinieron las conclusiones. Hay que reconocer que los moderadores y moderadoras de las mesas trabajaron mucho para extraer las conclusiones, aunque hubo, claro está, algunas intervenciones mejores que otras. Nuestro esfuerzo, muy especialmente el de María Jesús, se vio recompensado cuando oímos nuestras ideas en boca de otros y otras.

En cuanto finalizamos, vuelta a la carrera para pillar el autobús, que aquí no te cuentan como en las excursiones del colegio y te puedes quedar en tierra.

El viaje de regreso se hizo más corto gracias a la compañía de Juana, Raúl y Paco Barea. También, gracias al portátil de éste último, con el que estuvimos compartiendo blogs, ideas y admiración por la creatividad de una maestra llamada Lola.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LA ESCUELA DESIGUAL

A veces pienso que soy una ilusa por pensar que la escuela es un lugar desde el que podemos cambiar el mundo cuando no hace más que reproducir el modelo social existente.
Es muy peligroso leer en la juventud porque una se puede llegar a creer las palabras y éstas la marcarán el resto de sus días. Por eso culpo a Paulo Freire que me inoculó el veneno de la Pedagogía de la liberación y culpo a Freinet, que quemó la tarima de su aula y me enseñó a escribir con un texto libre. A ellos culpo, entre otros y otras, porque me parece que no hago las cosas bien y que ésta no es la escuela que quiero.
La escuela a la que acudo cada día no es una escuela pública que ofrezca igualdad de oportunidades. Al contrario, si tu entorno familiar es de clase media, con familia universitaria, partes con una ventaja inicial difícil de alcanzar. Porque en casa tendrás ayuda, estímulos, clases particulares y lo que es más grave, un nivel de exigencia que te impide bajar del notable. Éste es otro tema importante. No importa lo que se aprenda sino las notas que se saquen. No importa el esfuerzo y el trabajo bien hecho si no viene refrendado con un sobresaliente. Con lo feliz que yo era con el PA, ¿por qué tuvieron que volver las notas? Quizás volvieran para que sea más fácil encasillar al alumnado y decir tranquilamente:” Esta niña es de sobresaliente, este niño es de notable” Así nos va, ahora a las familias sólo les interesa los notables o los sobresalientes, so pena de castigos y riñas que producen ansiedad en niños y niñas.
Pero si tu entorno no cumple con el estándar lo tienes crudo. Da igual que seas una chica lista, que te esfuerces diariamente, que vayas al colegio con motivación y alegría , lo vas a tener muy crudo, porque la escuela a la que vas no hará más que ahondar tu desventaja inicial y hará imposible una equidad real en la educación. Si además te topaste con algún maestro que le insinuó a tu madre que no tenías mucha “capacidad”, te perseguirá este estigma de por vida sin que nadie se plantee que el que no tenía capacidad era el maestro.
Esta desigualdad es mayor en el área de los idiomas. Es bien sabido que su aprendizaje depende en gran medida de la cantidad de inmersión en esta lengua. Las familias lo saben perfectamente y apuntan a sus vástagos a academias desde edades tempranas. Tres horas de inglés semanales durante cinco o seis años marcan grandes diferencias entre dos tipos de alumnado, los que tienen inglés extraescolar y los que no lo tienen, los primeros fuertemente motivados desde sus casas, los segundos con muchas dudas sobre la necesidad de aprender idiomas. Si además la LOE baja el número de horas mínimas que se dedican a la lengua extranjera, la escuela se convierte en un complemento de la academia.
Si a esto añadimos el tema del bilingüismo, el acceso a la tecnología, las diferentes expectativas en cuanto al género y la hora y media de religión, temas sobre los que habría que discutir ampliamente y otros que nos producen hartazgo porque después de décadas de debate no han sido solucionados, no terminaríamos nunca.
Por lo que parece esta situación se hace aún más patente en la ESO y encima la Administración premia a la directora de un instituto famoso por su índice de fracaso escolar.
Sólo me queda sacar fuerzas con la confianza de que esta profesión me sigue apasionando.

domingo, 25 de octubre de 2009

AMIGAS

"Y me rodean
amigas ay, ay, amigas
dulce esperanza de la sed
amantes siemprevivas
dorado manantial de espigas "
(canción de Ana Belén)
La Escuela de Magisterio era un lugar oscuro e inhóspito. Ella tenía dieciocho años y había aterrizado allí porque quería ser maestra. No conocía a nadie y los pasillos se le antojaban castillos inexpugnables. En un aula estrecha se agolpaban cerca de cien chicos y chicas de distinto pelaje. Ella los observaba desde las últimas filas. Siempre se sentaba allí.
- La vida siempre es más divertida en la última fila, pensaba.
En el aula había pequeños grupos, gente que ya se conocía, gente singular, bohemia, alternativa, todo un mosaico de historias por descubrir. Pero ella se fijó en dos chicas que siempre andaban juntas y no llamaban la atención de manera especial. Una era morena y delgada, con el pelo rizado. La otra, rubia y con gafas. No sabe la razón, pero decidió que quería ser amiga de aquellas dos muchachas.
Los años de Magisterio les trajeron exámenes y notas, noches de fiesta, charlas interminables, ilusiones compartidas y algún que otro sueño roto.
Después la vida las llevó por otros caminos y hubo unos años en que apenas coincidían. Ella conservaba una foto en blanco y negro de sus amigas sonriendo con la Ópera de París al fondo. A pesar de las continuas mudanzas la foto nunca desapareció.
Sus caminos volvieron a confluir, llegaron parejas, niños y niñas. Empezaron a establecer rutinas: cumpleaños, fiestas, celebrar las vacaciones, inaugurar el curso,…
No se ven todo lo a menudo que quisieran, es difícil coincidir. Por eso cuando lo hacen es como si celebraran una fiesta. Rodeadas de chiquillería se buscan para hacerse confidencias. Se tienen que controlar para no pasarse la vida hablando de la docencia. Sus vidas no son paralelas, su amistad no es excluyente, pasan los meses sin verse pero no pierden el contacto.
Han pasado veintiocho años desde que llegó a la Escuela de Magisterio. No es fácil conservar una amistad después de tanto tiempo. Ella sabe a ciencia cierta que aquella elección ha sido uno de los actos más inteligentes de su vida.

domingo, 11 de octubre de 2009

ÁGORA


Como no soy crítica de cine ni experta en fotografía o sonido, voy al cine a que me cuenten una historia. Como soy una mujer con una existencia a mis espaldas, no puedo ser objetiva y analizo la realidad sin dejar a un lado lo que he vivido.
Cuando yo tenía 12 años, alguien me leyó la encíclica de San Pablo en la que se prohíbe a las mujeres tomar la palabra e impide que sean escuchadas. Como palabra de Dios, no puede ser cuestionada y todos deben arrodillarse ante tal afirmación.
Esta encíclica, que me irritó sobremanera antes de entrar en la adolescencia, propició el trágico final de Hipatia, su lapidación como mujer impía.
Mucho se ha hablado en la prensa sobre el mensaje contra los fundamentalismos religiosos de la película o de la oposición entre ciencia y fe. Sonrío al recordar los adjetivos de alguna prensa conservadora, tildando a Aménabar de ateo, que tras hacer apología de la eutanasia arremete contra el cristianismo. Ese periódico olvida que también lo hace contra judíos o paganos, sólo se salva la impía Hipatia cuyo único credo es la filosofía.
No digo que no sea cierto, se habla de religión y ciencia. Pero al parecer yo he visto una película diferente, la historia de una mujer que quería ser libre y no vivir bajo el sometimiento de un varón ni de una fe impuesta. Yo he presenciado la vida de una mujer que ha pretendido seguir su propio camino, el de la ciencia y el conocimiento. Por ende, se trata de una mujer excepcional (no podía ser de otra manera en la época que le tocó vivir), que muere por ello.
Mi hija de 15 años se emocionó cuando Hipatia descubrió la elipse que hace la Tierra alrededor del sol y lloró a la muerte de la heroína.
Estuvimos a punto de levantarnos y aplaudir emocionadas.
Quizás a mí no me emocionen las mismas cosas que a los críticos, por eso no les hago mucho caso.
Si yo fuera profesora de instituto, mi alumnado de Educación para la Ciudadanía vería esta película y después propondría un debate. Tal vez descubrieran que cualquier verdad puede ser refutada, incluida la mía.

jueves, 24 de septiembre de 2009

SEMÁFORO VERDE, VESTIDO AMARILLO

Ante las denuncias recibidas por los usuarios/as de la línea Tomares- Sevilla M.J. P., C.N.G. y R.G.L, nos vemos en la obligación de redactar el siguiente informe:
Siendo la 22 horas del día 18 de julio de 2009, el conductor G. C. M. se encontraba realizando el servicio anteriormente citado.

La noche era cálida y soplaba viento de levante. Como era su último servicio antes de las vacaciones, Genaro estaba tranquilo. La brisa parecía impregnada de sal y sonrió al recordar el nombre de la urbanización donde si situaba la próxima parada: Aljamar, rotonda del Agua.Según el testimonio de los/as denunciantes, el conductor permitió subir sin pagar a una mujer en la Glorieta del Agua de Tomares. Dicha señora presentaba un aspecto desaliñado.Surgió bajo las moreras, sus pies descalzos manchados de la tinta azul de las moras. Abrió sin pensar y la dejó subir a pesar de que no tenía tarjeta, cartera, bolso o monedero que hicieran prever que abonaría el importe del billete. Sólo llevaba un vestido amarillo que se ajustaba a su cuerpo de hermosas curvas, la larga melena negra cayendo como una cascada sobre los hombros y el pronunciado escote…
Cada mañana, tomaba el autobús en la misma parada, a las siete y media. Al bajar en Plaza de Armas montaba en una bicicleta del servicio metropolitano, colocaba el bolso en la cesta y enfilaba el carril bici paralelo al río. A Genaro le llamaba la atención el enorme bolso y sonreía al verla cambiar los tacones por unos zapatos deportivos. Puntual, antes de las tres, entregaba la bicicleta y bajaba en la misma glorieta.
Al pasar junto a la parada del Instituto Néstor Almendros no detuvo el autobús, aunque había personas bajo la marquesina. Este hecho se repitió en las paradas siguientes. Los usuarios/as conminaron al conductor a desistir de su actitud, pero en ningún momento fueron escuchados.La mujer del vestido amarillo se sentó, con los pies descalzos, en uno de los asientos delanteros. Nadie le dirigía la palabra, nadie la miraba. Del autobús se adueñó un silencio sólido. Pensó en los años de trabajo, en su expediente inmaculado. Pensó en los atascos en el Puente del Cachorro, en las interminables obras de la autovía.
El semáforo estaba en verde y creyó que era una señal. El silencio estalló en gritos. Los coches se apartaban a su paso. Miró de soslayo las aguas negras del río y se encomendó al Señor de Triana.
Al llegar a la autovía, la policía de tráfico le dio el alto, orden que no fue atendida hasta alcanzar la puerta de la comisaría en la Avenida de Blas Infante, constatándose que el conductor no estaba bajo los efectos del alcohol.

Cuando ella se apeó, un hilo rojo de sangre se abría paso bajo el vestido amarillo y descendía por la pierna hasta alcanzar su pie desnudo.Las causas de tal conducta son desconocidas, puesto que el conductor únicamente declara:
- El autobús es un servicio público.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Lo que sentimos

La maestra pregunta si alguien vio ayer el partido de baloncesto. Cuatro pequeñas manos se alzan sobre las cabezas. La maestra explica que el partido se jugó en Katowice, una ciudad de Polonia, y señala dónde se sitúa en el mapa. La protagonista del libro que van a leer (Ben quiere a Anna) ha emigrado desde Katowice hasta Alemania (La maestra vuelve al mapa) y asiste por primera vez a un nuevo colegio.
Los niños y las niñas de la clases opinan sobre lo que le pasa a Anna.
F. cuenta que él llegó a Barcelona y no entendía ni el español ni el catalán, porque sólo sabía hablar francés y árabe. Un niño se acercó a él para ser su amigo pero no podía entenderlo.
-¿Cómo aprendiste a hablar?
-Viendo la tele, responde con una sonrisa de pícaro.
H. abre mucho los ojos para explicar que ha vivido esa experiencia dos veces. Aún puede recordar cuando llegó a Madrid procedente de Dinamarca. Pasó dos meses sin hacer nada en el colegio porque no sabía nada de español.
M., tan pequeña, añora la nieve de los inviernos de Ávila.
M.A. se acuerda del primer recreo en esta escuela, cuando llegó a Primaria desde el colegio de Infantil. Se sentía solo y perdido en aquel patio tan grande.
La maestra piensa que la soledad y el desarraigo no entiende de fronteras, lenguas ni edades.

jueves, 10 de septiembre de 2009

PRIMER DÍA DE COLEGIO

En este día de septiembre las nubes se asomaron al hiriente azul del cielo. Es el primer día de colegio y la maestra aún se pone nerviosa después de veinte años. Se le encogen las entrañas como si fuera una niña. Estrena vestido y calza zapatos de tacón.
-Hoy es un día especial, por eso me he arreglado, les diría luego, en la intimidad del aula, con los nervios aplacados.
Va a recoger la fila y sonríe para sus adentros. El más grandullón se ha colocado el primero y tras él niños y niños. Hacia la mitad aparece la primera niña y tras ella, siempre al final, el resto. La maestra ya conoce estas actitudes y sabe que no es fácil cambiar determinados hábitos.
Una vez en la clase se sientan con quien les place, los niños con los niños, las niñas con las niñas. Ellas, apretadas, buscan la cercanía de la mesa de la maestra con la mirada inquieta. Ellos, seguros, levantan la mano, interrumpen, hablan sin respetar el turno, cuentan experiencias y opinan.
En medio del debate, la maestra anima a las niñas a hablar y ellas, asustadas, se resisten a tomar la palabra. Abriendo los ojos como platos, las dos más atrevidas balbucean alguna frase en voz baja.
-Las chicas os tenéis que acostumbrar a hablar en público, insiste la maestra, que además no quiere que le llamen “seño”. Los hombres y las mujeres estamos juntos en la vida, así que en la escuela empezaremos a aprender a compartir y a colaborar.
Toda la clase está sentada en parejas pero al final tienen que formar cinco grupos. Un grupo de niñas lo hace rápidamente y pega el equipo a la mesa de la maestra.
Los demás se enredan, discuten y tardan un buen rato en organizarse. Sólo una niña queda “descolocada” en un grupo de niños.
-
¿Qué os ha parecido lo que habéis hecho?
-Nos hemos vuelto a sentar los niños con los niños y las niñas con las niñas y además hemos tardado mucho,
sentencian.
Hoy, el Defensor del Pueblo ha dicho que para respetar al profesorado, los chicos y chicas deberían llamarlos de usted. Esta maestra piensa que el respeto no es una cuestión de pronombres.

lunes, 31 de agosto de 2009

DUBLÍN Y ALREDEDORES



Si viajas a Irlanda en verano, de una sola cosa puedes estar segura: nunca vas a acertar con el tiempo. Si amanece un sol radiante y el cielo despejado, antes del lunch te tienes que comprar un paraguas en cualquier tienda de souvenirs, con la ventaja añadida de que ya tendrás un bonito de recuerdo de Irlanda en forma de paraguas verde adornado de tréboles.
Si por el contrario, el día se despierta nublado, cae una fina lluvia y no te llevas las gafas de sol, pero cargas con impermeables y paraguas, te pasarás el día soportando un peso inútil y añorarás la protección de tus ojos.
Una segunda visita fugaz a la isla esmeralda y algunas lecturas previas te dejan con una duda: ¿Quién ha hecho más daño a los habitantes de este país: el Imperio Británico (800 años de presión), la iglesia católica o la cerveza Guiness?
Particularmente, me inclino por la última causa, habida cuenta que la familia Guiness es la más rica de Irlanda, junto a la Jameson (whiskey) y últimamente Bono, de U2.
La música es otro tema importante. Sin lugar a dudas, lo mejor de Dublín es pasear por las calles y encontrar a cada paso músicos de distinto género, conciertos improvisados en el Temple Bar o a las puertas del mismísimo Banco de Irlanda. Aquí todavía sobreviven las tiendas de discos y los violines de la música céltica conviven con las guitarras eléctricas. No hay que olvidarse de fotografiar a los músicos callejeros, una no sabe si dentro de un tiempo estará bajándose sus canciones de Internet.
En cuanto a la literatura, este país tiene prestigio por sus poetas y escritores y no es extraño si observamos las hermosas y bien provistas bibliotecas. Sienten veneración por Jonathan Swift que sufrió la incomprensión por su agria crítica social; James Joyce, al que nadie ha leído y se autoexilió con 22 años; Samuel Beckett, que escribía en francés y renegaba de Irlanda; y sobre todo, de O. Wilde, que padeció dos años de cárcel por su homosexualidad y murió solo y miserable en París.
Estos días, en la prensa, aparecieron unas declaraciones del actor Liam Nessom en las que decía que, tras la muerte de su esposa, había decidido convertirse en americano.
Todo esto me plantea una pregunta: ¿Es aún Irlanda un país para añorar porque no se puede vivir en él?
Hemos salido a hacer algunas excursiones fuera de Dublín, a este paisaje con todas las tonalidades del verde, entre ovejas y vacas pastando.

Las montañas de Wicklow, escenario de películas como Braveheart y Excalibur, mantienen lugares míticos como Glendalouch, donde se retiró a meditar Saint Kevin (no es un chiste de Los Morancos, así se llama el segundo santo más importante en el ranking irlandés después de Saint Patrick).
Desde el faro del pueblo pesquero de Howth se divisa una espléndida panorámica de la bahía de Dublín.
El castillo normando de Malahide, con sus cuidados jardines, nos demuestra una vez más que los ricos siempre han vivido tan ricamente, con buenas chimeneas, habitaciones con vistas y confortables bibliotecas.
En apariencia, en este país se vive bien: buenos coches, buenas casas,… Pero me leí Las cenizas de Ángela antes de ir y en cada borracho que zigzaguea por las calles creo ver al padre de McCourt; cada vez que tomo un té me acuerdo de la pobre Ángela, que hervía una y otra vez las mismas hojas de té: y me acuerdo de Francis Mc Court, que ahorró moneda tras moneda para poder emigrar de la bella y dulce Irlanda.

martes, 18 de agosto de 2009

LEER O NO LEER

Cuando C. tenía ocho años leía muchos cómics, sobre todo de Astérix, porque en su casa tenían la colección completa. Su preferido se titulaba La Zanja y había memorizado párrafos y diálogos. ¡Se la veía tan pequeña subiendo y bajando de la litera con el libro tan grande bajo el brazo…! Se acostaba, se levantaba, desayunaba, almorzaba y cenaba con el libro. Hasta tal punto estaba obsesionada que su madre tuvo que prohibir que lo pusiera encima de la mesa.
La madre de C. pensaba que su hija pasaría a la siguiente etapa, es decir, a los libros infantiles, como un proceso natural. Pero no fue así y tuvo que establecer un horario diario para la lectura.
Para la madre de C., los libros son el más preciado de los tesoros, su salvavidas en los momentos difíciles, el interlocutor que siempre la comprende.
En los veranos de su infancia, su madre –la abuela de C.- se ocupaba de que aprendiera las tareas “propias de su género”. Cada mañana debía barrer, limpiar el polvo, fregar el suelo,… Tardaba una eternidad, porque ella se perdía por los rincones, escondida en las viñetas del Capitán Trueno y del Jabato, sorprendida por el aburrimiento de la reina de Thule, con su piel tan blanca, que esperaba al héroe en su frío palacio del norte.
La madre de C. piensa que tal vez se esté equivocando. Si la obliga a leer, su hija puede aborrecer la lectura como ella aborreció la aguja. Se consuela pensando que, al menos, adquirirá la competencia lectora necesaria para desenvolverse en el instituto y en la vida.
Eso mismo debió pensar su propia madre cuando se empeñaba en que aprendiera a coser, pespuntear, sobrehilar, bordar, hacer punto de cruz y vainica. Mientras tanto, al primer descuido, ella se sumergía en el libro que escondía bajo la labor de costura. El tedio y el calor de aquellos veranos infinitos no le afectaban porque se embarcaba con el Corsario Negro y emprendía trepidantes aventuras por los Mares del Sur.
El caso de C. es distinto: viajes al extranjero, vacaciones en la playa, campamentos… Y además están la tele, las películas, la DS, la Play, el Messenger, el Youtube,…
-Hay otras formas de ocio. La lectura sigue siendo el instrumento fundamental para adquirir conocimiento pero ya no es el único y no sabemos lo que nos deparará el futuro. La madre de C. intenta conformarse.
Hace unos días, C. ha acabado el libro que estaba leyendo sin oponer demasiada resistencia y ha adquirido otro en la
librería EL Principito de Islantilla.
Después de desayunar se vuelve a tumbar en la cama para leer su nuevo libro; se baja a la piscina con él. Mientras sus hermanas juegan en el rompeolas, ella permanece bajo la sombrilla absorta en la lectura.
Todas las personas expertas coinciden en que la adolescencia es la edad crucial para adquirir la afición por la lectura.
La madre de C. no quiere hacerse ilusiones. La mira de reojo y cruza los dedos de las manos y de los pies.

viernes, 31 de julio de 2009

EL VIAJERO DEL SIGLO

Hace unos años cayó en mis manos la novela de Andrés Neuman “La vida en las ventanas”. Desde entonces he intentado seguir su andadura. Me conmovió especialmente “Una vez Argentina” por la capacidad para hilar la historia y seducirte con el lenguaje, valiéndose de sus dos tradiciones culturales, la argentina y la española.
Para leer “El viajero del siglo”, primero hay que tener tiempo, porque es una novela (¿y también ensayo?) de más de 500 páginas y hay que recrearse en saborear todas y cada de las metáforas con que nos asombra el autor, anotarlas y leerlas despacio por enésima vez, deleitarse ante unos “zapatos boquiabiertos” o admirar “una luna mordida que trepa el cielo”. Neuman es, en suma, un poeta que escribe novelas.
Ante la avalancha de novela histórica, algunas malas y otros peores, el autor nos presenta una novela sobre la historia, pero también sobre filosofía, arte, literatura,…
Lo peor es que te queda la sensación de que has perdido el tiempo y te queda mucho por aprender y, sobre todo, mucha poesía que leer.

martes, 21 de julio de 2009

ES LA COEDUCACIÓN, IDIOTAS.

Alarmada y sorprendida, atiendo a las noticias de niñas violadas por otros niños y adolescentes, que en grupos asaltan, amenazan y agreden a sus impotentes víctimas.
Alarmada me siento al comprobar, una vez más, los estragos que la violencia contra las mujeres ejerce de forma brutal, cebándose en niñas cada vez más jóvenes y convirtiendo en verdugos a niños imberbes.
Sorprendida, cuando compruebo que los políticos se escudan en la necesidad de rebajar la edad penal. Aprovechándose del dolor y la furia de las familias y la opinión pública, intentan marcar un gol en la portería del equipo contrario y ganar así un puñado de votos.
Nadie se para a reflexionar porqué unos niños disfrutan maltratando a una amiga, una vecina, una novia... Los telediarios sólo hablan de violencia de género cuando una mujer es mortalmente agredida. Entonces, ¿qué son estas violaciones? ¿Por qué no se habla de la consideración de la mujer como objeto sexual para uso y disfrute de los varones? ¿Por qué no se habla de su escasa visibilidad y valoración? ¿Por qué la prensa de todos los sectores se sigue lucrando de los anuncios de prostitución? ¿Por qué llevamos 30 años discutiendo sobre el derecho al aborto? ¿Por qué no se dice claramente que estas violaciones son el resultado de la cultura machista en la que vivimos?
En un pequeño recuadro del periódico, el señor ministro comenta que hay que educar en igualdad y en valores. ¡Qué listo! ¿Por qué se creerá que habemos gente que trabajamos en la coeducación?
Entre otras cosas, para que niños y niñas establezcan relaciones de amistad en igualdad de condiciones, para que las niñas sean libres y se pongan la falda todo lo corta que quieran, sin que haya ningún animal que las incordie por la calle, para que nadie se crea con el derecho de abusar de otra persona.

domingo, 12 de julio de 2009

EL CHURRO


A María le vuelven loca los bichos. Cuando era pequeña decía que iba a ser bichóloga. Este verano se ha buscado un curro de paseante de perros. Trabaja para dos vecinas. Una de ellas está de baja y no puede atender a sus animales. Ella se ha comprometido a pasear a los dos perros todas las mañanas y todas las tardes del mes de julio. Cada día pone el despertador a las ocho de la mañana porque Vico (uno de los perros) se asusta cuando hay mucho ruido y obliga a Clara a levantarse y acompañarla. María no perdona ni los fines de semana, pero se le hacen especialmente duros, porque la familia se acuesta más tarde y a ella le da pereza el madrugón.
-Negocia el convenio, le aconsejó su madre. Si no quieres no tienes porqué ir los domingos.
-No lo hago por el dinero, contestó. Es que no puedo pasar un solo día sin estar con ellos.
El sábado por la noche fueron al cine de verano a ver El Gran Torino. Pasaba de la una cuando regresaban a casa.
-Mañana cuando volváis de pasear los perros, podéis comprar churros, sugirió el padre.
María frunció el ceño. En su casa no se suele comprar churros. Tienen demasiadas calorías y a ella, que es diabética, no le conviene. Pero estos días tienen una invitada francesa a la que quieren agasajar con todas las variedades gastronómicas de la tierra.
-Yo no puedo comerlos. Tengo que inyectarme la insulina y desayunar cuando me levante, protestó.
-No importa. Te guardamos dos trocitos pequeños y a media mañana, si tienes bien el nivel de azúcar, te los tomas.
Mientras la familia desayunaba, vigiló escrupulosamente que se reservaran dos churros de patata, sus preferidos.
Dos horas después del desayuno, se hizo la prueba de la glucemia y, por desgracia estaba un poco alta. Volvió a guardar el plato con los dos churros en el microondas.
A las cuatro y media su nivel estaba bien.
-Mamá, tengo hambre, me voy a comer los churros.
-María, es imposible que tengas hambre. Espera a la hora de la merienda.

Se subió a su dormitorio y se quedó dormida.
Al abrir el microondas, su madre comprobó que "alguien" había probado uno de los churros de María.

viernes, 19 de junio de 2009

DESPEDIDA



Ahora que de casi todo hace ya veinte años
Gil de Biedma


Dentro de veinte años, el 2009 aparecerá en los anuarios como el año de la crisis financiera. Tal vez se mencione que la gripe A surgió en México para extender el temor por todo el mundo, durante unos días. Sin lugar a dudas, los aficionados al fútbol recordarán que Guardiola llevó al Barça a la gloria conquistando tres títulos. Y que el Betis bajó a segunda entre lágrimas de su afición.

Dentro de veinte años, quizás permanezcan en nuestra mente los acordes de Cold Play cantando Viva la vida, pero todo ello carecerá de importancia. Para vosotros y vosotras, 2009 será el año en que dejasteis el colegio y emprendisteis una nueva andadura, el año en que os empezó a abandonar la infancia.

Dentro de veinte años tal vez hayáis olvidado cuánto vale el número ∏ o la diferencia entre sustantivos individuales o colectivos o si el río Guadiana sufre el estiaje. En cambio, podréis rememorar el olor a tiza y a lápiz, el nombre de vuestros amigos y amigas, las travesuras de uno u otra. Permanecerán en vuestra memoria los juegos en el patio, las risas de las bromas y los chistes malos, el color de los olivos en primavera, la magia de los asientos traseros del autobús, la inolvidable aventura del viaje de sexto,…

Dentro de veinte años, utilizaréis tecnología que somos incapaces de imaginar y la adquisición de conocimientos se hará de forma bien distinta. Sin embargo, es muy probable que esta escuela siga existiendo y quizás acudáis de la mano pequeña y temblorosa de un niño, de una niña, en su primer día de colegio y os emocionaréis al pensar que ésta también fue vuestra escuela.

Dentro de veinte años, nosotras ya no estaremos aquí (esperemos que el sistema de pensiones aguante hasta entonces). Habrá otros maestros y otras maestras.
Por el camino de la vida, se nos olvidará algún nombre, se difuminarán vuestros rostros, confundiremos las promociones, pero nunca dejaremos de ser vuestras maestras.

Entonces ya no tendrán sentido los enfados por los deberes sin hacer o los materiales olvidados y sólo quedará lo verdaderamente importante: vuestra inocencia, vuestra ilusión y el cariño que se instaló en nosotras para siempre. Porque la dicha de una maestra es encontrar a una antigua alumna en un aeropuerto y que te cuente que está haciendo un Erasmus, mientras, asombrada, te pregunta cómo es posible que recuerdes su nombre; la emoción de una maestra son las primeras notas del instituto, cuando aún no habéis roto el cordón umbilical con la escuela, y llegáis en navidad con el boletín en la mano; la felicidad se aloja en el Corte Inglés cuando el dependiente te atiende como si fueras una reina por la única razón de que fuiste su maestra.

Algún día, cuando pasen veinte años, tal vez acompañéis a vuestros niños y niñas a crecer a la sombra de los olivos de este patio y conservéis un recuerdo cariñoso para quienes han sido vuestros maestros y vuestras maestras.



miércoles, 27 de mayo de 2009

NEGRAS LENTEJAS

Poseo cierta experiencia en recuperar cacerolas donde se han quemado lentejas. Hace mucho más de veinte años que me inicié en esta sana habilidad. En aquella ocasión las humildes legumbres decidieron suicidarse a lo bonzo en protesta por mi falta de cuidado. Yo estaba haciendo el amor en la habitación contigua y no me alcanzaron sus gritos de socorro ni sus efluvios aromáticos. Eran otros tiempos y otra cantidad de hormonas recorría mi cuerpo.
Andaba yo muy atareada esta mañana. Aprovechando que salían las carretas del Rocío, las autoridades locales decidieron darnos un día de asueto. Como no uso traje de faralaes ni monto a caballo no sabía qué hacer con este aciago día en medio de una semana de fin de curso, con la programación sin terminar y los bailes sin ensayar.
Descansar. Ésa era la consigna. Anoche estaba tan cansada que me metí en la cama a las 10’30 h. El libro de Atxaga que leía se iba convirtiendo en nubes cada vez más densas.
Como era de esperar, a las siete y media abrí los ojos a la luz de esta mañana rociera. Cohetes de todas las hermandades del Aljarafe alegraban mis oídos.
Tenía dos alternativas: ordenar los armarios (con todo lo que ello implica) o ponerme a trabajar en el ordenador. Quien dice trabajar dice abrir el correo, mirar si la Consejería tiene alguna novedad… Me entretuve leyendo los blogs de Juanma y del Efervescente. Incluso me atreví a escribir algún comentario.
Las niñas se levantaron, desayunaron, recogí la cocina y (¡Ay triste de mí!), como mujer previsora que soy, preparé unas lentejas con todo mi cariño.
Me subí de nuevo al ordenador y ésa fue mi perdición: un trabajito para el cole, un vídeo con la música de Cold play, unas actividades de inglés para María, Clara estúdiate los números ordinales que no te los sabes,…
En el paquete ponía que las lentejas eran rápidas, pero no tanto. Por favor, ¿a dónde vamos a llegar?
Un traspaso de cacerola, retirar las lentejas adheridas al fondo, cubrir de agua y un buen chorro de lejía. Eso es todo. Las lentejas quemadas y los nervios de punta. Hay que tirarse a la calle antes de que la casa estalle, aunque sea para ver rocieros/as dejar botellines de cerveza por todas las esquinas.
-Niña, pon esa botella en el poyete.
-Señora, ¿usted no recicla?
Pero ésa es otra historia.

domingo, 24 de mayo de 2009

TECHO DE CRISTAL

Aún intentando ser muy optimista, es imposible considerar que las niñas de hoy no se encuentren con el famoso techo de cristal cuando accedan al mercado laboral. Todavía parten de una falta de igualdad de oportunidades en sus propias familias. Tengo alumnas que deben limpiar el cuarto de baño después de que los usen sus hermanos mayores y varones; hay niñas que sólo tienen acceso al ordenador cuando su padre y su hermano (más pequeño) se han cansado de él; mis alumnas tienen menos libertad que sus compañeros,… Estoy hablando de un entorno de clase media, donde tiene empleo más del 70% de las madres y el nivel de estudios oscila mayoritariamente entre el bachillerato y los estudios universitarios.       

Se mantienen los roles tradicionales y se aduce como la primera causa del escaso acceso a la función directiva la falta de formación fuera del horario laboral. No me extraña en absoluto, pues las mujeres priorizan el cuidado de los demás a su ascenso profesional.  No es que me parezca mal, lo que debe cambiar es         el hecho de que los hombres no asuman estas tareas y antepongan siempre su trabajo. La clave está en compartir funciones productivas y reproductivas. Para ello debe haber un cambio de mentalidad. Tampoco se trata de aparcar los niños y niñas en colegios y guarderías hasta la siete o las ocho de la tarde. Éste es un grave error que nuestra sociedad pagará más tarde o más temprano. Ya se ha estudiado y escrito mucho sobre los riesgos de la institucionalización de la infancia, pero nadie quiere recordarlo. 

Se ponen en marcha medidas de conciliación, que aunque escasas, pueden ser beneficiosas, pero da la impresión que están pensadas para que concilien las mujeres y los hombres se puedan quedar en el despacho hasta las diez de la noche. ¿Cuántos hombres han compartido la baja maternal? ¿Cuándo va a dejar de ser noticia que un hombre lo haga? Además,  no creo que se deba compartir la baja, más bien pienso que ambos deben disfrutarla. Que yo sepa, los pañales no tienen restricciones de uso para el sexo masculino.   

A todo esto hay que añadir el carácter competitivo que se imprime a todo puesto directivo. Se quiere dar la impresión de que para ascender laboralmente, además de hacer  muchas horas extras, hay que pisar y machacar al contrario, convertirse en una especie de lobo  autoritario y cruel. Pocas mujeres están dispuestas a ser directivas en estas condiciones, si además se les demanda que aparque en un segundo plano sus afectos. 

Muchas cosas han de cambiar para que las niñas del presente no se encuentren con el techo de cristal. Si esto ocurriera, habríamos vivido una auténtica revolución, capaz de socavar los cimientos de la sociedad patriarcal. 

 

 

domingo, 3 de mayo de 2009

VOLVER A ZAHORA




El viento de Levante sopla con furia. Durante la noche acompañó nuestros sueños y nos acercó el bramido del mar, como si las olas se arremolinaran en el jardín.


La vida avanza a grandes zancadas. A veces, parece un circuito de velocidad donde pugnamos por adelantar al contrario. Pero Zahora permanece, en apariencia, inalterable.


La carretera que baja al Sajorami, los estrechos caminos de tierra, sombreados de acebuches y pinos, se amparan entre muros que nunca volverán a resguardar viejas casas rodeadas de huertos.


Ahora esconde pequeñas pero bien pertrechadas casas de veraneo. Los huertos dejaron paso a jardines con porche y Mercedes bajo el emparrado.


Permanecen el faro y las rocas desnudas por la bajamar. Y el mar en todos los tonos de azul. Y la arena fría. Y la luz de Cádiz. Y este Levante que todo los enreda y todo lo aclara.


Quedamos nosotras, aunque no seamos las mismas.

viernes, 17 de abril de 2009

Praia do Boliche




A la Praia do Boliche se llega bajando unas empinadas escaleras. Merece la pena el descenso cuando pisas la suave arena de la silenciosa cala cuyos acantilados te resguardan del sol. Al fondo, el cabo San Vicente.


La belleza y el encanto del lugar se olvidan a la vuelta, cuando hay que subir la escalera, te falta el aliento y te tiemblan las piernas.

miércoles, 1 de abril de 2009

BATALLA EN SEATTLE




(Un guiño para las personas que cambian el mundo)

Es muy poco probable que esta película, alquilada distraídamente en el vídeo club de mi pueblo, pase a la historia del cine. Estrenada en 2007, dirigida y escrita por Stuart Townsend recrea los sucesos acaecidos en esta ciudad americana en 1.999, donde grupos antiglobalización que protestaban pacíficamente pusieron en jaque a la Organización Mundial del Comercio.

Aunque la estructura de la película no plantea ningún reto más allá de los normales artificios hollywoodienses, el guión, lejos de demonizar a los manifestantes nos plantea la incompetencia de las autoridades para manejar la situación. El desconcierto ante la insistencia de los activistas los lleva a utilizar métodos violentos, declarar el estado de excepción y apresar a seiscientas personas, entre ellas una periodista pija que pasaba por allí.
Los personajes no son planos ni previsibles, 
empezando por el alcalde desesperado y terminando por el violento policía cuya mujer se ha visto envuelta en los disturbios y agredida por otros policías.

Los líderes antiglobalización, aunque tienen sus propias contradicciones, son los héroes y las heroínas. El atormentado, barbudo y guapo ecologista arrastra su lucha mezclada de fuertes emociones; su amiga abogada se plantea constantemente la utilidad de tanto sacrificio pero se pone al frente de la movilización cuando es preciso. El mejor, sin duda, el negro defensor de las tortugas. Siempre optimista y esperanzado, argumenta la conexión entre la extinción de estos animales, el cambio climático, el cierre de fábricas y la hambruna en el tercer mundo. Cuando el ecologista se desespera, él replica sonriente: “Poquito a poco”.

Esta película no pasará a la historia, pero trata sobre personas que hacen historia aunque no aparezcan en las enciclopedias. Son hombres y mujeres que, con sus convicciones, poco a poco, logran cambiar el mundo. La pena es que los cambios son demasiado lentos, por el camino se pierden muchas tortugas y toda una vida no basta para ver los frutos.

lunes, 9 de marzo de 2009

ESTO ES LO QUE PARECE (2º premio del XII certamen de relato corto y poesía de la asociación AMFE de Castilleja de la Cuesta)

Aquí llego caminando por calles desiertas, el asfalto plateado a mis pies. Regaron las calles de madrugada y aún retiene la humedad en este soleado amanecer de marzo. Desde un balcón me observan, con curiosidad, manojos de violetas. Los tacones resbalan en el acerado pero hoy no me duelen los pies.
Aún conserva mi piel los restos del maquillaje. No suelo llevar en el bolso la leche limpiadora, quizás debiera adquirir algún envase de muestra. Porque debo estar preparada para cualquier imprevisto, aunque a mí, hacía siglos que no me ocurría una de estas emergencias. Tampoco apliqué a mi rostro la crema nutritiva ni el contorno de ojos. Luzco las huellas del cansancio y persiste incansable la máscara de pestañas.
Cual ladrona recogí mis cosas y salí huyendo con sigilo, sin mirarme al espejo, sin tomar una ducha.
Una vez que me hallé en el descansillo de la escalera, encendí el móvil con angustia. Unas horas de desconexión y el mundo puede desaparecer a tus pies. Por suerte, no había llamadas perdidas, ni mensajes de alarma a horas intempestivas. Las noticias que pude vislumbrar en Internet no dejaban entrever nada digno de mención. Mi cuerpo cesó de temblar. La última vez que apagué el móvil hubo un accidente aéreo y tardé horas en enterarme. El país lloraba la tragedia y yo tomaba el sol en una cala de Ibiza.
No me duelen los pies, sólo un poco la espalda. ¿Desde cuándo no voy al gimnasio? Ni lo recuerdo. Llevo las medias torcidas. Medias y rapidez son dos conceptos opuestos. El traje de chaqueta está arrugado. No es lo más apropiado para pasear una mañana de domingo. Por suerte es tan temprano que ni siquiera han aparecido los paseantes de perros. El cielo está despejado y corre una leve brisa fresca.
No entiendo lo sucedido. Odio trabajar los sábados. Esos actos interminables en los que alguien presenta un libro o expone una soporífera conferencia. Después, el inevitable cóctel, las inevitables sonrisas, los tacones que me atormentan, el peinado que se despeina (¿habré olvidado la laca?), las señoras que comentan mi atuendo, los señores que miran a las camareras,… Y todos olvidando que estoy a dieta. Tengo hambre y los canapés pretenden seducirme desde la bandeja.
No entiendo lo sucedido. Anoche no me dolían los pies. Nadie me aguardaba en casa. Mi madre pasaba el fin de semana con su hermana en un balneario, la niña se fue con el padre. Tal vez, anoche yo no tenía prisa. Nadie me esperaba y olvidé que estaba a dieta. Tomé dos copas de vino, sólo dos copas. Quizás estaba un poco achispada, no suelo beber alcohol, sólo agua y café descafeinado. Quizás, simplemente, estaba contenta. Quizás, para variar, me había relajado.
No he desayunado. Me hubiera gustado desayunar en aquella cocina tan blanca, preparar zumo de naranja y mojar magdalenas en el café con leche. Envolverme en un albornoz y saborear un cruasán contemplando los tejados de la ciudad, las antenas que se suceden hasta el infinito.
Es tan temprano que las cafeterías permanecen cerradas. Por un día olvidaría la leche desnatada y la sacarina y me zamparía una tostada grasienta, unos churros con chocolate, una napolitana de crema. Pero aunque estuviesen abiertas las cafeterías yo no podría entrar. El traje arrugado, las medias torcidas y los restos de maquillaje me delatarían. El camarero me miraría con ojos asombrados y yo sólo podría decir:”Esto no es lo que parece”.
Anoche olvidé quién era. Olvidé las noches sin dormir, la lista de la compra entre los informes, los correos electrónicos con la maestra de la niña. Olvidé los chupetes junto al ordenador, los libros manchados de papilla. Olvidé a mi madre al teléfono relatándome sus innumerables cuitas. Olvidé a mi padre postrado en una camilla, mirándome con ojos de niño. Olvidé las discusiones con mi ex-marido. Olvidé la rabia. Olvidé la culpa.
Al salir del portal recordé que estarían esperándome junto al coche. No podía entrar y desprenderme de la piel con la que ahora me visto, del olor que me envuelve.
Anoche, por primera vez, me dejé llevar por una mirada sonriente y una conversación amena. Creí que volvía a tener veinte años y cargaba con los libros de la facultad, él estudiaba junto a mí en la biblioteca y me contaba chistes en voz baja mientras preparábamos los exámenes de derecho romano. Anoche, por primera vez, me dejé arrastrar por la ternura y acaricié una piel mil veces deseada.
A duras penas consigo mirar al guardaespaldas y al conductor del coche oficial. Estoy segura de su discreción pero imagino sus pensamientos maliciosos.
He huido como una ladrona. Desperté y tomé conciencia de mi situación. Me vestí en silencio y abrí la puerta sin hacer ruido.
He invertido demasiado para llegar hasta aquí. Me he dejado la piel, el alma y la vida. No debo fallar, no debo equivocarme. Me siento aturdida. ¿Qué dirían en los medios?
No me podía marchar sin más. Antes de salir, he entrado en el cuarto de baño y, como en las comedias románticas, he escrito el número de mi móvil con lápiz de labios en el espejo.
Están abriendo un quiosco de flores en la avenida. Les indico que me esperen y me dirijo hacia allí con paso decidido. Una maceta cuajada de violetas me susurra cuando me acerco. ¿No tengo derecho a un poco de ternura?
Con la maceta en las manos, me acomodo en el asiento de piel mientras repito para mis adentros: "Esto es lo que parece".

sábado, 28 de febrero de 2009

CONJUGAR LA VIDA

Hay momentos en los que las palabras van a tu encuentro para ayudarte a buscar la salida. Abres un libro y aparece una historia en la que te ves reflejada. Sientes cómo te envuelve la atmósfera y llegas a percibir los aromas que rodean a los personajes.
Hace unos años, yo era apenas una sombra que recorría los pasillos de un hospital. Un sábado, leyendo El País descubrí un poema que parecía pensado para mí. Lo recorté y lo guardé entre los libros que iba leyendo. Un día lo perdí y sólo logré memorizar los últimos versos.
En diciembre pasado lo volví a encontrar, amarillento, escondido en un libro de gramática, como por arte de magia, en el justo momento en que lo necesitaba. Espero no volver a perderlo.

PEQUEÑA LECCIÓN DE GRAMÁTICA
Ahora que crees volver a estar sola y quieta
y un poco lastimada del miedo del invierno y de las calles
o quizás escondida – como una colegiala – por
las habitaciones de la adolescencia,
aquí quiero avisarte entre palabras de compañía
no exactas, no sucias: temerosas
de no saber desorganizarte la tristeza de los ojos.
Atiéndeme tan sólo lo que dura un pestañeo:

Que la vida se conjuga en futuro
(aunque sea casi siempre imperfecto).

Tomás Sánchez Santiago (“El que desordena”)

jueves, 15 de enero de 2009

LISBETH SALANDER:¿UNA HEROÍNA DEL S. XXI?

El autor sueco Stieg Larsson ha alcanzado el éxito editorial del momento en España con la publicación de dos de las novelas de su trilogía Millenium. El relato de acción y aventuras protagonizado por el periodista Mikael Blomkvist nos conduce por trepidantes investigaciones en las que aparece la cara más sórdida del idílico país escandinavo.
Sin embargo, no es el argumento lo que me ha cautivado de “Los hombres que no amaban a las mujeres” y “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, tampoco la constante referencia a la literatura sueca caracterizando a sus protagonistas como Kalle Blomkvist y Pippi Calzaslargas.
Tengo la impresión de que el personaje de Slibeth Salander presenta rasgos únicos, que nunca hasta ahora habían aparecido en la heroína de una novela de acción.
Con un físico nada atractivo, enclenque y poco agraciada, padece fobia social, revela un pasado difícil y antecedentes psiquiátricos.
Se muestra en la primera novela tan alejada del personaje de Mikael Blomkvist (¿alter ego del autor?) que no podemos desentrañar qué papel juega en el relato esta chica al borde de la delincuencia. Aún menos podemos comprender qué relación puede tener con el bueno, honrado y sin fisuras de Mikael.
Cual crisálida que despierta de su letargo, a medida que avanzamos en la narración vamos descubriendo su inteligencia fuera de lo común, su habilidad informática así como su posicionamiento contra la violencia de género. Salander odia a los hombres que no aman a las mujeres.
Se convierte, por tanto, en una especie de superwoman justiciera capaz de utilizar cualquier medio, aunque sea ilegal, para acabar con los maltratadores.
En el segundo libro, nuestra heroína huye para no asumir que está perdidamente enamorado del maravilloso Blomkvist, que no es por nada, pero posee una concepción libérrima del sexo y las relaciones, cocina divinamente y tiene la cocina como los chorros del oro. ¿Quién no quiere uno de esos en su vida?
Pero lo peor de su pasado la alcanza y ha de volver a la lucha. Entonces, casualmente, surgen por doquier un montón de “machos cowboys” dispuestos a ayudarla. No sabía yo que hubiera tantos Mikael Blomkvist en el mundo.
Un puñado de hombres le destrozó la vida y otro puñado de hombres se afanan en protegerla.
Con toda seguridad, Lisbeth Salander se las habría arreglado muy bien solita.